50 AÑOS DEL CHOCONAZO, LA PATAGONIA SOLIDARIA CONTRA LA DICTADURA

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HISTÓRICO

Hace 50 años, entre el 23 de febrero y el 14 de marzo de 1970 se desarrolló la huelga obrera conocida como el Choconazo. La dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse había decidido que la construcción de la central hidroeléctrica Chocón-Cerros Colorados sería “la obra del siglo”, y que mostraría su capacidad y poder de gobierno. Para esto permitieron que la patronal a cargo de la obra estableciera un régimen de explotación extremo, en un territorio inhóspito, tan inhumano que provocó una rebelión obrera que finalmente mostró la capacidad organizativa que puede tener la clase obrera cuando tiene como principio la dignidad y la solidaridad.

Uno de los delegados referentes de la huelga, Antonio Alac, describe que “las condiciones de trabajo eran pésimas y las de vivienda peor. En ese momento no nos pagaban el 40% del plus salarial por zona alejada, por zona inhóspita. Vos tenías la obligación de trabajar 12 horas por día. La gente vivía en galpones que se estaban construyendo para vivienda. Y había galpones ya construidos donde vivían 80 ó 100 personas. Una cama al lado de la otra, sin tener donde lavarse o bañarse. Los baños estaban haciéndose. No te olvides que nosotros trabajábamos con temperaturas de hasta 15 ó 20 grados bajo cero. No podías tomar vino. Las mujeres no podían venir a visitarte. ¡Una cantidad de prohibiciones que parecían de un campo de concentración!”. Y Armando Olivares, también delegado de base, comentaba en 2011 que “el contexto de la huelga fue lo más difícil. Una dictadura militar que les hacía pagar caro cualquier sublevación a todos los trabajadores. Los que estaban en El Chocón habían venido de todas las provincias y tenían un estado de ánimo que resultó vital para la lucha. Tenían espíritu de rebeldía y eso los mantuvo firmes”.

Estos testimonios son un breve reflejo de lo que significaba levantarse y detener una obra tan importante, en un contexto tan adverso, pero con una conciencia de lucha y dignidad enormes. Hoy tan necesaria.

A mediados de 1969, ante los continuos accidentes de trabajo que produjeron varios asesinatos laborales, se realizaron reclamos a la dirigencia de la UOCRA, que dilato todo lo posible la respuesta hasta que los obreros, cansado de esperar, se autoconvocaron en asamblea para elegir a sus delegados. El próximo paso fue redactar su pliego de reclamos: 40% de aumento salarial; medidas de seguridad para evitar o enfrentar derrumbes; medidas de seguridad durante las voladuras; liquidaciones de sueldos quincenales con recibos legibles; adicionales por trabajos en que arriesgaran la vida; autorización para hacer asambleas de trabajadores, reconocimiento del sábado inglés. Y además denunciaron maltratos de obreros por parte de capataces; negligencia en el tratamiento de accidentados y venta de herramientas a los obreros por parte de las empresas que los contrataban. La patronal no atendió los reclamos y avanzo con el despido de los tres delegados y pidió su detención a las autoridades militares. Los obreros reaccionaron, hubo algunas detenciones, pero se lanzó rápidamente una huelga de resistencia que reafirmo a los delegados de la comisión interna, lucho contra las detenciones y tuvo que soportar la expulsión de la UOCRA de sus tres delegados.

Ya a comienzos de 1970 se reanudaron las protestas y el 23 de febrero comenzó el paro, sosteniendo el pliego inicial y la restitución de sus delegados. Miles de obrerxs se sumaron a la lucha que fue declarada ilegal por el gobierno de facto. Se armaron las barricadas, se organizaron las guardias obreras y se tomaron los explosivos con los que trabajaban para usarlos de herramienta de lucha. La solidaridad llegaba desde los pueblos vecinos y en caravana desde la capital provincial, a pesar de la prohibición de los milicos de manifestarse públicamente. Hubo instancias de negociación, pero para el poder, que quería detener el levantamiento en su obra insignia, cualquier petitorio era un insulto, y rechazo todas las solicitudes y mediaciones.

“Las guardias nuestras tenían rifle, revólveres, pistolas, bombas molotov, etc. Una de las cosas más serias que nosotros manejábamos era la cuestión de los explosivos. Había gente con mucha experiencia. Porque esa obra también se caracterizó por contar con trabajadores de distintas nacionalidades. Había brigadas de trabajadores chilenos, contratados en carpintería, que habían sido contratados poco antes de la huelga. La gente de Chile venía ya organizada con delegados. Eran como 200. Cuando llegaron, nosotros los entrevistamos. Nosotros no les pedíamos que actuaran pero les pedíamos que no trabajaran. Así lo hicieron. Después teníamos gente muy interesante, muy definida alrededor de las luchas, de origen uruguayo. También participaron trabajadores bolivianos y paraguayos. Los hermanos bolivianos era gente que tenía una gran experiencia en el tema explosivos, por ejemplo en la mina Siglo XX. Eran quienes estaban responsabilizados en este tema en algunos preparativos” . Estas palabras del ya fallecido Antonio Alac, nos muestran la capacidad que tiene nuestra clase cuando se quita de encima los falsos límites que el poder impone para enemistarnos y se sabe con derecho a una vida digna, sin dejarse engañar por el discurso burgués que nos hace sus esclavos, levantándose con conciencia, organización y resistencia.

En estos días, mientras se conmemoran los 50 años de esta épica obrera, se rescata el rol central que cumplían las mujeres en la huelga: “hay un grupo de diez mujeres que se organiza en el contexto de la huelga, la mayoría eran hijas o esposas de los trabajadores de las empresas que estaban construyendo la represa; de ese grupo, la que figura como referente, que es la que aparece en las imágenes y que se transformó después de la huelga en una militante de reconocimiento nacional, era esposa de uno de los trabajadores” (en referencia a Ana Egea). Ellas cumplieron funciones esenciales como armar las ollas populares, gestionar las donaciones para que todos puedan comer y atender a las personas que estaban heridas, y también “este grupo que estaba organizado le vio la veta al pensamiento dominante de que las mujeres no podían hacer nada y lo aprovecharon, por ejemplo robándole la nafta a los patrulleros porque nadie iba a sospechar que las mujeres iban a estar robando nafta o armando una molotov” , señala la investigadora Emilse Kejner.

El 14 de marzo, 800 hombres de Gendarmería “armados hasta los dientes”, según testimonios de la época, pudieron avanzar sobre las posiciones de los huelguistas y detuvo a varios obreros que fueron enviados a Buenos Aires y luego liberados ante la presión popular.

La huelga no tuvo el final que la organización obrera buscaba pero esto no quiere decir que no haya sido un ejemplo de lucha. Fue más que eso. Dio continuidad a levantamientos y rebeliones sociales de la clase obrera, como el Cordobazo, que luego seguirían extendiéndose por todo el país hasta la caída del gobierno militar. Construyeron una huelga utilizando las herramientas de nuestra clase, las asambleas, el debate, la organización antipatronal y antiburocrática, resistiendo con la solidaridad de los pueblos de la norpatagonia, que todavía tienen en su memoria este ejemplo. Una épica que años antes fue rebeldía en los obreros rurales y años después dio paso a las puebladas y los piquetes, en la misma geografía, con la solidaridad obrera como bandera.

G.C. – Afiliado a la FORA. Córdoba.

NOTAS:

1- Néstor Kohan, Rebelión, Entrevista inédita con el dirigente histórico de la clase obrera argentina. Antonio Alac, el Choconazo y las enseñanzas del clasismo. Rebelión.

2- “El Choconazo”, perpetuado como hecho histórico neuquino. Diario Río Negro. 19 de noviembre de 2011.

3- Néstor Kohan. Op. Cit.

4- Lxs otrxs gigantxs de El Chocón. Facebook. com/ZumbidoNqn.

5- Facebook.com/ZumbidoNqn. Op. Cit.

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