8 de marzo. La lucha en tiempos de pandemia

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Actualidad: 8 de Marzo la lucha en tiempos de pandemia por Sol Aguero.

El panorama social y laboral siguen jugando en contra nuestra compañeras. Resulta muy difícil encarar este texto, no sólo porque la situación parece no haber cambiado mucho sino porque el confinamiento del COVID-19 entorpeció y retrasó la gran tarea de transformación social que venimos realizando. Luego de casi un año de pandemia nos encontramos con la imposibilidad de acuerparnos. El contacto humano se ha visto reducido a las redes virtuales u reuniones resguardadas de toda posibilidad de roce. Además la crisis actual creada por el COVID-19 está generando la mayor caída de empleo en la historia reciente de la región. La crisis actual podría ser una de las tantas que afecte especialmente a la empleabilidad de las mujeres.

A pesar de que la emergencia sanitaria nos frenó un poco seguimos en pie de lucha. Como comentábamos arriba, el panorama laboral viene siendo repetitivo y debemos nuevamente denunciar lo que gritamos año tras año.

  • La brecha salarial y el tan anunciado “igual salario por igual pago” pareciera quedar en el olvido. Los ingresos de los varones son 29% más elevados respecto de los de las mujeres en trabajos similares. La brecha de ingresos aumenta hasta el 35% cuando se considera la situación de trabajadores en condición de informalidad (sin aportes previsionales).
  • El acoso laboral está a la orden del día y no sólo por parte de la patronal, también tenemos que vivirlo por parte de compañeros de trabajo. Casi el 62% de las mujeres no puede realizar la queja, reclamo o denuncia y el 34% sí lo hizo. Pero casi el 84% de estás ultimas no recibió una respuesta por parte de la empresa. Como si fuera poco para 2 de cada 3 encuestadas, la denuncia no redundó en un cese de la situación de acoso o violencia y para el 47,5% hacer la denuncia trajo aparejado alguna consecuencia negativa, represalia o desventaja laboral.
  • Las tareas que hacemos las mujeres se encuentran muy concentradas en pocas actividades. El sector servicio doméstico es la principal ocupación de las mujeres en la Argentina. 2 de cada 10 mujeres asalariadas se desempeñan en el sector de servicio doméstico. Se trata de una tarea que están extremadamente feminizada: el 96% de quienes se desenvuelven en este rubro son mujeres. El otro problema es el nivel de informalidad. El 72% de estas trabajadoras no perciben un descuento jubilatorio y tienen un salario promedio de 8167 pesos (la mitad que el salario mínimo, vital y móvil).
  • Los roles de cuidado que no se plantean de manera igualitaria y debemos cargar con el doble de trabajo del hogar y la pandemia ha dejado esto en evidencia. 8 de cada 10 hombres declaran realizar tareas del hogar. Esto no necesariamente implica que les dediquen el mismo tiempo que las mujeres. Por ejemplo, ante la pregunta de quién es la principal persona a cargo de la organización del hogar, el 76% de las mujeres indican ser ellas las responsables mientras que sólo el 38% de los hombres se describe de esa manera (el 62% restante menciona a su pareja o a su madre bajo este rol). Esto se agudiza si miramos la organización del cuidado de los hijos, ya que un 93% de las mujeres declara ser la persona principal versus un 23% de los hombres
  • La desocupación sigue siendo igual preocupante. Las jóvenes de hasta 29 años presentan una tasa de desempleo del 22% cuando en el mismo rango etario el desempleo de los hombres es del 18% (una brecha de cuatro puntos porcentuales). La cifra no estaría completa si no se menciona que el 36% de las mujeres enfrenta una situación de informalidad laboral.
  • Las mujeres perciben una jubilación promedio de 18.611 pesos y los hombres de 21.165 pesos. Esto implica que la brecha promedio de las jubilaciones es del 12% pero puede alcanzar hasta 37% cuando se segmentan las bases de datos por rangos de edad. Una de las explicaciones de la brecha y que muestra la situación de fuerte vulnerabilidad es que un 73% de las personas que se jubilaron a través de moratorias son mujeres (y perciben el haber mínimo).

Por supuesto que las desigualdades no son solo datos laborales duros. Desde que empezó el 2021 se registran más de 33 feminicidios. Estamos hablando de un femicidio cada 23 horas. Con la pandemia creció el número de consultas a la línea 114. El 76% de los femicidios son cometidos por parejas, exparejas o familiares y el 24% por hombres conocidos del círculo íntimo de la víctima. No hay espacio seguro para nosotras, en nuestras casas o en el trabajo somos oprimidas constantemente por la radical idea de que somos inferiores y debemos ser controladas.

Es por todo esto que el 8 de Marzo salimos a gritar las injusticias en todos lados. Esta fecha se ha convertido es nuestro día de lucha, en una huelga no sólo para pedir mejores condiciones laborales sino también para exigir una vida libre de toda opresión. No podemos hacer más que defender la instalación de esta huelga por parte del movimiento feminista, hace tres años que la defendemos como tal y abrió importantes debates e incentivó variadas acciones, no solo en Argentina sino en muchos países del mundo. La visibilizarían internacional que ha tenido el feminismo como movimiento de lucha en la región ha levantado y activado la revuelta internacional como hacía años no se veía en nuestra clase. Difícil tarea llevada a cabo para nosotras las sindicalistas que solemos ser el bicho raro de los espacios feministas y las locas desubicadas en los gremios.

Cuando nosotras adherimos al paro feminista desde el plano doméstico se demuestra una brecha de desigualdad social antiquísima. Cuando dejamos de cocinar, lavar la ropa, los platos y no nos quedamos a cuidar a lxs hijxs, el patriarcado del hogar tiene que “perder” tiempo y energía en todas esas tareas, lo que significa también mayores preocupaciones y menos tiempo de descanso después del trabajo. Para un sistema productivo que necesita de la energía del varón para trabajar todas las horas posibles sin tener otras preocupaciones que llevar dinero a la casa es sumamente necesario que alguien le realice todas esas tareas, todos los días.

            El problema con las críticas que diferentes líneas de pensamiento le han hecho al capitalismo radica en no comprender o directamente no querer visualizar que el patriarcado es el generador y perpetuador de todas las opresiones que vivimos. No es el capitalismo en sí mismo sino que hay todo una estructura social que lo avala y continúa. El patriarcado es una estructura de poder que genera todas las opresiones y explotaciones. No hay manera de que un sistema económico de esta índole sea avalado sin todo un entramado social que lo contenga. Por eso sostenemos que es un error pensar que es un sistemas mas de dominio. No es un producto que nace mágicamente del capitalismo o del colonialismo, es la opresión más antigua y mas sentida por la humanidad y la naturaleza. Construido históricamente sobre el cuerpo de las mujeres. Sino ¿de que otra manera aprende el capitalismo a explotar? ¿Donde la humanidad aprende que se enriquece oprimiendo a otrxs? Por ejemplo, un niño se levanta y su mama le tiene el desayuno preparado, luego lo arregla y lo manda a la escuela. A su vez el niño observa como su papa va a trabajar ya alimentado con la comida que su mamá preparó y vestido con la ropa que limpió anteriormente. Entonces ¿Que aprende ese niño? Es así como la humanidad ha asimilado la opresión. Explotamos y nos dejamos explotar en el cuerpo de las mujeres. Por que en nuestras casas hay una mujer que hace el “trabajo invisible”: cocina, limpia, cria a sus hijxs, etc;  y ni siquiera la sociedad le llama trabajo. Entonces estamos viviendo constantemente al lado de alguien que es permanentemente utilizada y estamos explotando a alguien con quién tengo un vínculo muy íntimo. Es de este aprendizaje en donde se sostiene el capitalismo. Y es el mismo capitalismo incluso que a partir de estas relaciones opresoras naturalizadas nos hace creer que los vínculos pueden ser negociados y comerciados. Por otro lado, que el trabajo de las mujeres no sea pagado no beneficia a su esposo o compañero de vida. Beneficia al patrón, a una empresa nacional o transnacional que son los que se quedan con esa plata de ese trabajo que estamos haciendo las mujeres y que no es pagado[1].Es por eso que el feminismo no puede ser otra cosa que un movimiento revolucionario asambleario y horizontal que viene a tirar abajo estas concepciones que tanto daño han causado a nuestras vidas.

            En el 2002 gracias a la lucha de muchas compañeras que entraron al mercado laboral se sancionó la Ley 26.674 de cupo sindical femenino que garantiza que el 30% de los cargos sindicales deben estar ocupado por mujeres. Al día de hoy solo cuatro sindicatos cumplen con la normativa ocupando un 5% de 1450 cargos que existen en la CGT. Sin ir más lejos el año pasado se realizó un plenario de mujeres cegetistas donde irónicamente Héctor Daer y Gerardo Martínez fueron los oradores principales en una reunión que pretendía aplicar el convenio 190 de la OIT que espera eliminar la violencia en el mundo del trabajo. Da risa, por no llenarnos de bronca, que estos dos hombres que dicen ser trabajadores pero no lo son hablen sobre nosotras cuando son ellos los que siguen promoviendo desigualdades. Además ¿Qué ganamos con mujeres en lugares burocráticos? Es un hecho meramente simbólico, las bases laburantes nos llevamos siempre la peor parte y ellxs pretenden ocupar lugares de poder. Como siempre, nada podemos esperar de la burocracia sindical.

Buenos Aires verde.

La igualdad de género desde la óptica liberal no es mas que una mentira y una falsedad. Según ellas la igualdad implica tener el mismo acceso que los varones a cargos jerárquicos, puestos políticos o administrar nuestro dinero para irnos de vacaciones o gastarlo en cualquier deseo individual que nos atraviese. Sin embargo, para nosotras, que vemos la raíz de los problemas en la autoridad, tanto patriarcal como la del Estado o de la propiedad privada, esto no es suficiente. No negamos el avance que implicó para muchas mujeres tener un sueldo propio y salir del trabajo esclavo doméstico, pero también hacemos notar otro problema que la pandemia dejó en evidencia. Ahora podemos trabajar y manejar nuestro dinero, pero como la estructura patriarcal de fondo se mantiene intacta seguimos teniendo que hacer ese trabajo doméstico no pago.

Para nosotras la solución no se da rápidamente y no aparece de un momento al otro. Estamos hablando de remover estructuras sociales antiquísimas que al paso de los años con la inmensa perseverancia de muchas compañeras, se han ido modificando y esperamos que se vayan desvaneciendo a medida que comprendamos que estas opresiones deben ser removidas definitivamente. Las soluciones esencialmente son varias y en estos aspectos no hay blancos ni negros solo procesos de construcción y aprendizaje que nos van abriendo el camino. Lo que tenemos en claro es que la reproducción de lógicas verticales y por esencia autoritarias sólo llevarán al fracaso total de nuestro movimiento. Nada tenemos que agradecer a los poderosos por habilitar derechos por los que hemos luchado. Es cinismo puro que siendo que el Estado-Nación que es la máxima expresión del patriarcado encontremos a Alberto Fernandez diciendo que está feliz de acabar con el patriarcado. El chiste se cuenta solo. Nosotras somos las que estuvimos ahí reclamando por años, es nuestro logro, no de ellos ¿Acaso no es esta lógica electoralista la que siempre hace fracasar a nuestra clase? ¿No es la que enriquece a los partidos a su conveniencia? Profundizar la solidaridad en nuestra clase es lo único que podrá emanciparnos y la gran movilización que ha generado el feminismo en este último tiempo nos lo recuerda paso a paso.

Por otro lado, desde nuestra organización, donde el eje convocante es nuestro papel económico en la sociedad de clases, no podemos más que apoyar a los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegadxs que convoquen a una huelga en los lugares de trabajo para que las compañeras podamos hacerla efectiva. El problema es que esos casos son los mínimos y la mayor parte de las mujeres asalariadas no están organizada en los sindicatos de tal forma que puedan hacer efectiva la huelga desde la estructura sindical. La ausencia de una persona al trabajo no es una huelga, ya que la huelga es una acción colectiva y no individual. Ahí es donde la crítica al modelo sindical argentino se vuelve necesaria.

             Nuestro acercamiento al sindicalismo siempre es difícil. La mayoría llegamos por necesidad: ya sea por haber sufrido algún recorte o en el peor de los casos por haber sido despedidas. Muchas son madres jóvenes y eso no es un dato menor siendo que las tareas de cuidados se nos asignan inevitablemente y ganarse un lugar en los sindicatos masculinizados logrando su respeto no es nada simple. Para ellos es fácil quedarse a la reunión después del trabajo, para nosotras no. Y si no lo hacemos siempre somos las culpables a las que no les interesa organizarse y no tenemos la suficiente conciencia de clase para hacerlo. Así, el acceso al trabajo siempre se complejiza siendo que somos la mitad de la población de la región. Como si fuera poco son numerosos los hogares donde las mujeres son el principal sustento económico, ya sea por tratarse de hogares “monoparentales” o por ser la mujer el principal ingreso frente a un varón desocupado o subocupado o en hogares en que el ingreso de ambos es imprescindible para el sostén. Es este último caso donde se recae la idea de que el sueldo del varón sea el más fuerte y el de la compañeras “una ayuda más” para la casa y sin dejar de lado sus tareas del hogar y cuidados, lo que conlleva a la falta de tiempo o poco interés a las mejoras laborales y económicas en el ámbito público. Hace años venimos denunciando estos y muchos atropellos más. Seguiremos gritando a viva voz hasta que esto se acaben aun cuando la misma lucha nos abrume. Las compañeras que somos delegadas o activamos en nuestro trabajo sabemos lo difícil y complejo que es la situación laboral. Constantemente tenemos que lidiar con el ninguneo de la patronal o de nuestros mismos compañeros, conteniendo compañeras en situación de violencia, enfrentando a la burocracia sindical sin levantar mucho la ficha o simplemente tratando de equilibrar también nuestras vidas. La persona delegada que todo lo puede todo aguanta y no chista es una visión patriarcal a erradicar. Merecemos tiempo al ocio y a vivir porque vida hay una sola y no podemos mirar para otro lado cuando hay compañerxs que se sobrecargan de tareas. Vale cuestionarse entonces ¿Las mujeres todo podemos? Siempre asignándonos el rol patriarcal de madres abnegadas. No es casualidad que al feminismo se le exija ser la madre de todas las luchas por que irónicamente no estamos libres de colocarnos roles opresores o resignificarlos con un nuevo discurso para que duelan menos.

            Es interesante cuando se entremezclan los feminismos en las estructuras sindicales. Las mujeres que ya actúan en diversos sindicatos marchamos en solidaridad de clase y de género. Eso fue un llamado de atención a nuestras compañeras de trabajo y por otro lado para los varones. Las mismas centrales sindicales se ven sobrepasadas por el reclamo que el feminismo vino a gestar en nuestra sociedad. El paro del 8 de marzo del 2018 mostró que no necesitamos de grandes dirigentes que desde sus cúpulas vengan a decirnos que hacer. Las bases sabemos bien cuál es nuestro camino de lucha y cualquier intento de dirección partidaria la llevará inevitablemente al fracaso.

De más está decir que como Oficios Varios Capital apoyamos a todas las trabajadoras que se nieguen a realizar los servicios domésticos, así como también a las que puedan hace efectiva la huelga en sus lugares de trabajo, pero también vemos necesario avanzar en la crítica al modelo sindical argentino y su cultura vertical y paternalista para que el activismo sindical y la militancia feminista puedan unirse, no solo en consignas en común, sino también en utilizar la herramienta de lucha más efectiva de la clase trabajadora: sus organizaciones gremiales.

El patriarcado no se detiene, nosotras tampoco

¡Si nuestras vidas no valen nada produzcan sin nosotras!

¡¡A la huelga compañeras y compañeres!!


[1]     Adriana Guzmán, del Movimiento Feminista Antipatriarcal de Bolivia. https://www.nodo50.org/xarxafeministapv/?+Entrevista-a-Adriana-Guzman-y+

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