El Prostíbulo de San Julian.

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Memoria Histórica: El prostíbulo de San Julian

El 17 de febrero de 1922, las tropas del Ejército argentino luego de haber fusilado 1500 Obreros rurales agrupados en la Sociedad de Resistencia de Río Gallegos, se disponían a retornar a Buenos Aires.

El Teniente Coronel Benigno Varela, al mando de la expedición a la Patagonia, prepara como premio a sus soldados un servicio en una “Casa de Tolerancia”.

La cosa se había organizado bastante bien, avisando previamente a las “madamas” que preparen los prostíbulos, que a tal hora iba a ir la primera tanda de soldados para que estuvieran todas las pupilas listas.

No nos acostamos con asesinos.

Cuando la primera tanda de soldados llego al prostíbulo “La Catalana” en San Julián, la madame salió presurosa a la calle y conversó con el suboficial.
Algo pasaba, los soldados empezaban a ponerse nerviosos, estaban ansiosos y alzados. La noticia no les tardó en llegar, las cinco mujeres del prostíbulo se niegan y la madame no las va a obligar.

El suboficial y los conscriptos lo toman como un insulto al uniforme de la patria argentina, conversan entre ellos y se animan. Todos juntos, en patota tratan de meterse en el lupanar. Pero ahí salen las cinco mujeres, con palos y escobas y se enfrentan al ejército argentino al grito de “¡asesinos! ¡porquerías!”, “¡con asesinos no nos acostamos!” La palabra asesinos deja helados a los soldados que, aunque hacen gestos de sacar la charrasca, retroceden ante la decisión del mujerío que reparte palos como enloquecido.

El alboroto hizo que finalmente se acerque la policía, así que las mujeres y los músicos del lugar terminaron presos.
Según el acta levantada en la comisaría de San Julián, las cinco rebeldes fueron María Juliache, española, soltera y de 28 años; Ángela Fortunato, argentina, casada y de 31; Consuelo García, argentina, soltera y de 21; Amelia Rodríguez, argentina, soltera y de 26, y Maud Foster, inglesa, soltera, de 31 años y “buena familia”.

Foto: Comisión por la Memoria de las Huelgas de 1921 – Río Gallegos

Las metieron en un calabazo bien chico, les pegaron, les arrojaron agua fría y les quitaron la libreta sanitaria, por lo cual para poder seguir trabajando días después las mujeres debieron marchar hacia Viedma y Ushuaia.

Estas cinco mujeres, las únicos valientes que fueron capaces de calificar de asesinos a los autores de la matanza de obreros más sangrienta de nuestra historia.
Las únicas en la Patagonia en llamarlos a Varela y sus soldados por lo que fueron.

Véase:

• Osvaldo Bayer – La Patagonia Rebelde edición de 1994.

• Visto en Internet:
https://cuadernodetrabajo.wordpress.com/…/las-heroicas-put…/

• Foto: Prostíbulo de la calle Pichincha, Rosario (1932). Foto obtenida sin autorización por el artista Antonio Berni.

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