Entre la cooptación y la represión. Portuarios anarquistas durante el peronismo (1943 – 1955)

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Por Jacinto Cerdá

Introducción

El anarquismo fue una de las grandes corrientes ideológicas que colaboró en la conformación del movimiento obrero en diversos puntos del globo, aportándole perfiles de horizontalidad, federalismo y autonomía, que influyeron e influyen en las dinámicas de las organizaciones sindicales. En Argentina, la presencia de los ácratas en este proceso formativo fue fundamental, pero poco se sabe de su proceder posterior.

En este sentido, atendiendo a esta falencia, el presente trabajo indagará en la influencia del sindicalismo de orientación anarquista durante los primeros gobiernos de Perón (1946-1955), junto con el período previo iniciado con el golpe militar de 1943. El caso analizado se centrará en el derrotero de la Sociedad de Resistencia Obreros del Puerto de la Capital (SROPC), gremio adherido a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), la confederación sindical de marcada influencia libertaria fundada en 1901.

El objetivo que persigue este análisis es mostrar la representación que logró ejercer el anarquismo en algunos sectores de la economía, en un contexto donde se estaban produciendo modificaciones históricas en la relación entre el movimiento obrero y el poder político. El mismo se desarrollará a través de estudiar las campañas y acciones desarrolladas por la organización portuaria, el vínculo con los organismos estatales y los sindicatos paralelos, la influencia entre los trabajadores de su sector y los métodos de lucha empleados, contemplándose los alcances y limitaciones que esta organización logró en su gremio.

No cabe duda que el peso gravitacional que los anarquistas desarrollaron a principios del S. XX, ampliamente analizado por la historiografía referida al período (Oved, 1978; Bilsky, 1985; Falcón, 1986) no será sostenido a lo largo del siglo. Como contraparte, la amplia popularidad con la que contaron en la belle époque tiñó el análisis de su accionar a partir de los años veinte, ya que todo lo realizado posteriormente, en circunstancias diferentes, fue visto bajo la comparación de aquellos años de auge, dejando de lado las particularidades de cada período histórico. Si bien la presencia ejercida por los anarquistas en el mundo del trabajo no se mantuvo inmutable, su influencia continuó siendo considerable en el desarrollo de los conflictos sociales, lo que nos lleva a realizar un conjunto de interrogantes, tales como: ¿Qué incidencia social lograron desarrollar los propulsores de esta corriente con la irrupción de las dictaduras militares y del “fraude patriótico”? ¿Cómo sobrevivió sindicalmente la FORA al margen de la ley? ¿Qué estrategias adaptaron ante el nuevo clima sociopolítico iniciado por el peronismo?

En este sentido, el presente estudio está orientado a profundizar una línea de investigación que ha brindado evidencias sobre el arraigo de la corriente anarquista más allá de sus años de mayor influencia. Un rosario de trabajos abordan períodos, organizaciones y acciones colectivas desatendidas hasta el momento (Iñigo Carrera, 2000, 2001, 2005; López Trujillo, 2005; Nieto, 2008, 2012; Bordagaray, 2014), poniendo de relieve el desafío historiográfico que representa indagar en un campo de análisis considerado irrelevante[1].

Por su parte, la relación entablada entre el Estado y el movimiento obrero ha sido utilizada para caracterizar las dinámicas emprendidas por estos actores en las diferentes etapas de la historia. En Argentina, cada gobierno que tomó las riendas de la administración pública le dio su impronta a las políticas obreras, intentando adaptarse o trascender las características coyunturales, según el caso, pero siempre movilizados por el objetivo de mantener el status quo imperante. De esta forma, los diferentes mandatarios oscilaron entre actitudes de indiferencia hacia los reclamos obreros, en tiempos de consolidación del modelo agro-exportador, hasta enarbolar la integración de las instituciones sindicales al Estado, como política representativa del peronismo.

Los trabajadores organizados también han adoptado diferentes posturas hacia el Estado y la participación política, según su adhesión ideológica y su estrategia de inserción. Este vínculo, entendemos que ha sufrido una modificación permanente a partir de los gobiernos justicialista de 1946 a 1955, y aun previamente, a partir del arribo de Perón a la Secretaria de Trabajo y Previsión, gracias al golpe militar de 1943. Todas las vertientes político-sindicales previas al peronismo sufrieron serios problemas para hallar una línea de acción coherente que pueda disputarle la hegemonía dentro del movimiento obrero a esta nueva tendencia nacionalista. Como es de suponer, el anarquismo no escapó a esta lógica, por lo cual, este trabajo se centrará en rastrear las problemáticas planteadas por el peronismo a la tradición anti-estatista sostenida por el sector anarquista que se desenvolvía en los gremios de la FORA. En este sentido, se pondrá en contraste dos doctrinas y prácticas sindicales diferentes, que por lo general se las concibe sin punto de contacto histórico, ya que se desconoce, o se menosprecia, la perduración de algunos gremios de filiación anarquista hacía mediados del siglo XX.

El peronismo y la creación de un nuevo vínculo con el movimiento obrero

Las discusiones originadas en cuanto al surgimiento del apoyo del proletariado al peronismo ha sido un tema de amplio debate académico. Los primeros estudios, como el de Germani (1974), se centraron en un eje demográfico, distinguiendo una nueva clase obrera producto de la migración interna, más proclive a las relaciones paternalistas, y por ende, a “disposición” de la cooptación gubernamental. Otros autores, no conformes con estas posturas, han planteado otro tipo de explicaciones sobre la identificación que tuvo el movimiento obrero con Perón, centrando la atención en los cambios ideológicos y políticos de ciertos sectores del movimiento obrero, los cuales durante la década del treinta fueron gestando una conciencia nacionalista, en contraposición al internacionalismo socialista, hasta por ese entonces tradicional en los ambientes obreros (Matsushita, 2004; Plotkin, 1993), y un apego a la búsqueda de reformas políticas. Actitudes que prepararon el terreno para la aceptación de las políticas sindicales del peronismo[2].

Una vez que Perón asumió la Secretaría de Trabajo y Previsión, inició una política laboral orientada a que el Estado profundice su injerencia en los asuntos laborales, legislando las relaciones entre las diferentes partes en pugna. De esta manera, se buscó incorporar a las organizaciones obreras a la órbita gubernamental, entablando un canal de comunicación directa donde los sindicatos podían presentar sus preocupaciones, al mismo tiempo que el Estado podría ejercer un mejor control sobre su actuación, sin tener que recurrir a las represiones habituales.

El sector del movimiento obrero que se mostró favorable a la adaptación de este modo de funcionar fue la “vieja guardia sindical” que describió Murmis y Portantiero (1987) y que luego profundizó Juan Carlos Torre (1990), es decir: los dirigentes de los sindicatos más numerosos, históricamente proclives a la conciliación estatal, que vieron en Perón un vínculo estable con los poderes públicos, un defensor de sus intereses ante los patrones, investido del poder estatal.

El cambio conceptual producido en la relación del movimiento obrero con el Estado fue acompañado de un contexto económico favorable a fines de la Segunda Guerra Mundial, que permitió aplicar políticas sociales basadas en la redistribución de la riqueza. Particulares beneficios fueron otorgados a la clase obrera, como las jubilaciones, las vacaciones pagas, el aguinaldo, las licencias por accidentes, junto con proyectos de vivienda social y asistencia estatal para amplias capas de la sociedad.

Por su lado los sindicatos obtuvieron reconocimiento jurídico y un poder de negociación que abarcaba a toda la actividad económica que representaban, más allá de sus propios afiliados. Su poder económico y político reposicionó la gravitación social desarrollada por las estructuras gremiales, consideradas como el sostén del proyecto político de Perón. Sin embargo, cabe señalar que las relaciones del movimiento obrero con el gobierno peronista no siempre fueron armónicas. Según señala Louise Doyon (2006) la conflictividad obrera no fue ajena a este período histórico, por lo cual la autora señala que:

(…) a pesar de la creciente centralización, de los controles políticos en manos de Perón, el movimiento obrero organizado se afianzaría como un factor de poder por derecho propio y adquiriría una gravitación sobre políticas públicas en un nivel nunca antes alcanzado. (…) se debería desterrar la imagen de un movimiento sindical monolítico, sometido al régimen desde el comienzo de su primer mandato.[3]

La visión de un período con ausencia de conflictos sindicales es desterrada, argumentando que la causa principal de los mismos se debió a la búsqueda de mayores concesiones laborales y salariales. La gran mayoría logró su cometido, destacando los casos de los trabajadores frigoríficos (1946), metalúrgicos (1947), panaderos (1946, 1947), textiles (1948), petroleros (1948), jornaleros de la construcción en Córdoba, Rosario y Santa Fe, y los del transporte público en Córdoba, La Plata y Mar del Plata. Los paros se realizaban en el contexto de procesos de negociación colectiva para presionar por un acuerdo favorable a sus intereses. Los movimientos huelguísticos resultan particularmente interesantes durante el peronismo, dado que el gobierno, a través de diversos recursos legales, buscó cercenar el derecho a huelga. Con la reforma constitucional de 1949, la huelga dejará de ser un derecho laboral reconocido, pasando a ser considerada como un hecho tolerado dentro de los estrechos límites que le determinará la reglamentación, susceptible así de ser declarada lícita o ilícita.

Con el decreto de “Asociaciones Profesionales de Trabajadores” (23.852/45) se establece por primera vez la diferenciación entre asociaciones sindicales con personería gremial y las simplemente inscriptas, determinando que solamente el sindicato con personería puede declarar una paralización de actividades. De esta manera, se relegó de aquel derecho a cualquier grupo de trabajadores que así lo dispusiesen, siendo pasible de ser declarada una medida ilegal, y sus protagonistas, de sufrir medidas represivas. De este hecho da cuenta los siguientes casos reseñados por Leonardo Eldorriaga (2013): la Asociación del Profesorado Orquestal (16/09/46), la Sociedad de Resistencia de Conductores de Carros (07/06/47), la Sociedad de Resistencia de Plomeros, Cloaquistas, Hidráulicos y Anexos (16/08/47), el Sindicato de Empleados y Obreros Fotográficos (13/02/48), la Sociedad de Resistencia Obreros del Puerto de la Capital (12/04/48), de la Federación Obrera Tucumana (24/10/49), y la Federación Gremial de la Industria de la Carne (05/05/50). Pudiendo existir otros casos aquí no señalados.

La declaración de ilegalidad de las huelgas no se debió exclusivamente al hecho de que las organizaciones que las llevaban a cabo no contaban con el reconocimiento del Estado a través de la personería gremial, sino que, en muchos casos era la misma conducción sindical la que disponía que el reclamo efectuado por una filial, o por el conjunto de trabajadores, estaba fuera de lugar, y por ende, sin amparo legal.

Los hechos reseñados hasta aquí dan cuenta de un gran dinamismo en la actividad sindical del período, pudiéndose inferir que la misma no se orientó linealmente en apoyar la obra ejercida por el gobierno, sino más bien en defender y fortalecer las conquistas logradas por sus gremios en beneficio de los trabajadores. Más allá de la organización a la que estaban adheridos o la ideología que comulgasen, todos buscaban mejorar su situación salarial y laboral. En muchos casos esta labor fue facilitada por el poder estatal, pero en otros las reivindicaciones ejercidas por los sindicatos chocaban con los intereses defendidos por el gobierno, y con sus representantes obreros de la CGT. En este contexto podemos hallar el accionar de diversos sindicatos que en primera instancia escaparon al control estatal, tales como los “autónomos” de inspiración libertaria de la Federación de Obreros en Construcciones Navales (FONC) o aún otros, de marcada trayectoria reformista y conciliadora, como la Federación Obrera Marítima (FOM), que buscó aprovechar el carácter obrerista del gobierno, pero conservando la libertad de decisión característica de cada organismo sindical.

Una aproximación a la actividad portuaria

Dentro de este panorama se desarrolló la organización portuaria de la FORA que analizaremos a continuación. Sindicato de larga trayectoria, fundado el 1º de diciembre de 1901, que mantuvo, con altibajos, su presencia en la zona portuaria de la Capital. Agremiaba a los estibadores, quienes cumplían las funciones de carga y descarga de los productos transportados en los barcos que circulaban por aquel puerto, dividiéndose las tareas en grupos de trabajo entre quienes “llevan las cargas al costado del buque (trabajo en tierra); los que las reciben y acomodan en el buque (trabajo a bordo), y los que hacen las operaciones contrarias”[4]. Esta descripción de la estiba realizada para principios del siglo pasado, se vio levemente modificada a partir de la introducción de guinches mecánicos que facilitaron las operaciones, continuando con la misma lógica de acopio.

Estas labores, que requieren gran esfuerzo físico, rudeza y sacrificio, se desarrollaron en un ámbito netamente masculino donde se entremezclaron distintas tradiciones culturales, políticas y lingüísticas. Producto de la movilidad permanente aportada por el tráfico marítimo, se delimitó un espacio de sociabilidad particular, dando pie a una comunidad laboral especifica del puerto y sus zonas aledañas, tales como el barrio de La Boca o Dock Sud, en la vecina ciudad de Avellaneda (Caruso, 2016). Económicamente, el puerto de Buenos Aires funcionaba como receptor del comercio ultramarino, monopolizando la importación de bienes manufacturados, para luego distribuirlos al resto del país por vías fluviales o ferroviarias. Al mismo tiempo se encargaba de gran parte de la exportación de los productos nacionales basados, principalmente, en materias primas agropecuarias.

Torcuato Di Tella al catalogar la sindicalización de la clase obrera en Buenos Aires señala la diferencia entre los sectores calificados y los que no, a los primeros les asigna “una mayor facilidad de agremiarse, por la escasez o control de la oferta de su mano de obra, o bien por tener un mayor acceso a las garantías de la sociedad civil”[5]. En cambio, los encuadrados en el segundo sector, tales como los portuarios, tenían una mayor competencia por los puestos de trabajo debido a la innecesaria preparación previa requerida para esas tareas y su escasa tecnificación, derivando en la constitución de organizaciones sindicales en “donde había que defender a puños, o quizás a cuchilladas, la subsistencia, no solo ante los empleadores sino también ante los propios compañeros o antes las organizaciones amarillas”[6]

Sindicalmente, la SROPC ha competido de forma permanente con diferentes organizaciones por la representación y protección de los trabajadores de su gremio. En el período a analizar la disputa se centró con el Sindicato Unión Portuarios y Afines (de aquí en más SUPA), surgido en agosto de 1944 bajo el ala protectora del Estado, con Gerónimo Shizzi como su principal dirigente. Su objetivo era representar a los trabajadores de la “nueva Argentina”, en contraposición a las otras dos organizaciones ya existentes en la zona portuaria, imbuidas, según ellos, de un discurso “extranjerizante”[7]. Una de ellas era la Sociedad de Resistencia ya mencionada, y la otra, el Sindicato de Obreros Unidos del Puerto de la Capital (SOUPC), que actuaba bajo la dirección del Partido Comunista, y que fue fundado en 1935 tras la reorganización del Sindicato de Diques y Dársenas. Finalmente, esta última organización se disuelve en 1946 pasando a integrarse al sindicato oficialista, gracias a la aplicación de la política de “entrismo” formulada por los comunistas.

A su vez, el proceso de trabajo de los portuarios contaba con una particularidad respecto a la forma de contratación, el sistema empleado se denominaba ir al “pique”, y se basaba en la selección diaria de la mano de obra en relación a la demanda de trabajo establecida. La oferta laboral se exhibía en pizarras a la entrada del puerto, a donde se acercaban los trabajadores a consultar y postularse. La selección del personal era realizada por contratistas vinculados con las diferentes empresas, destinando al grupo de operarios seleccionados a las distintas embarcaciones o galpones de almacenamiento. La forma de pago por las tareas realizadas era por jornal, lo que generaba escasa estabilidad laboral y salarial en el conjunto de los estibadores. Si bien esta modalidad sufrirá algunas modificaciones en el período analizado, es destacable que esta problemática fuese recurrente entre los reclamos portuarios, buscando conseguir un salario que compense los días del mes no trabajados.

Activismo anarquista en el puerto de la Capital durante el peronismo

La trayectoria de la SROPC aquí analizada, será organizada en cuatros períodos comprendidos entre los años 1943 y 1955, coincidiendo, a grandes rasgos, con las periodizaciones consensuadas por la historiografía sobre el movimiento obrero durante el primer peronismo.

El inicio de un nuevo período para el mundo obrero (1943 – 1945)

La primera de estas etapas se inicia con el golpe militar del 4 de junio de 1943 y la aplicación de una política dual hacia el movimiento obrero. En primera instancia se aplicó la represión a toda organización sindical de tintes revolucionarios. La persecución ejercida contra los elementos comunistas, junto con la disolución de la CGT Nº2,[8] también se extendió a las filas del anarquismo. Por otro lado, junto al ascenso de la influencia de Perón dentro de los cuadros dirigentes de la “revolución”, la dependencia laboral del gobierno buscó acercarse a los sindicatos. El reconocimiento estatal será bien recibido por las entidades obreras de mayor peso y de perfil conciliador (ej. Unión Ferroviaria), ya que respondía al reclamo efectuado por las mismas desde la década anterior, en búsqueda de mayor estabilidad institucional para sus sindicatos.[9]  La conquista de mayores beneficios laborales, con el beneplácito de la Secretaría de Trabajo y Previsión, contribuyó a consolidar un nuevo vínculo entre amplios sectores de la clase obrera y el Estado. Proceso que decantó en la jornada del 17 de octubre de 1945, donde se selló la alianza entre la CGT y Perón.

Sobre este acontecimiento disruptivo, los anarquistas no se diferenciaron de sus pares socialistas y comunistas al interpretar a este acontecimiento como una desviación de los “verdaderos” intereses de los trabajadores. Así lo reflejaba La Protesta en su reaparición pública:

Nunca como ahora estamos solos los anarquistas para luchar contra el régimen capitalista. (…) Todas las fracciones proletarias creyeron ganar terreno contaminándose con la política demagógica, hecha desde reparticiones del Estado. Se las vio pisar las alfombras, entrar en componenda con personajes que se comían crudos a los capitalistas, aunque a decir verdad no se sabe de uno solo que haya sido despanzurrado vivo, ni repartidas sus tajadas. (…) Por las calles de la Capital se vivió momentos iguales a los que vivieron Roma y Berlín cuando el duce y el führer prometían instaurar el socialismo de Estado y a una turbamulta aplaudirles.[10]

Respecto a los portuarios de la FORA durante el período del gobierno de facto, podemos observar que solo durante algunos meses pudieron actuar libremente, ya que desde el 29 de noviembre la policía clausuró el local que tenían en Lamadrid 278 tras participar en una huelga impulsada por la Federación Local (FOLB), organismo que nucleaba a los gremios foristas de la Capital Federal. Tras un largo período de limitada actuación pública, logran la reapertura de su local en agosto de 1945[11].

Con anterioridad a esto, a principios del mes de agosto de 1943, encauzaron un movimiento huelguístico que surgió de forma espontánea en la zona portuaria, en reclamo de un aumento salarial de $2 (para pasar a cobrar $10 de jornal). Haciéndose eco de los reclamos de los obreros se pliegan al movimiento huelguístico, llamando a la paralización total de las actividades y convocando a reunirse para debatir el proceder de la campaña. Tras formular los reclamos, aplazan a las empresas navieras a cumplir con las condiciones exigidas por los portuarios en un término de 48hs. Ante la negativa o la indiferencia de la mayoría de las empresas, la huelga se concreta. Algunas entidades acceden al aumento, pero la Prefectura presiona a estas a que no lo otorguen, para no ceder ante los obreros. Finalmente, tras 9 días de huelga los portuarios cumplen su cometido y obtienen el aumento salarial.[12]

Una vez producida la clausura de su local, la SROPC seguirá actuando de forma semi clandestina en la zona portuaria, pudiendo recolectar adhesiones para desarrollar huelgas solidarias como las realizadas los días 22 de marzo y el 10 de abril de 1944, en apoyo a los Barraqueros[13].

Durante el año 1945 comienza a gestarse un conflicto en el sector de los “paleros”, quienes se dedican a transportar diferentes materiales a pulso con la ayuda de -como su nombre lo indica- palas manuales. Las sustancias que manejan generalmente son granos, o extractos vegetales en forma de polvo, como el tanino. Materiales considerados insalubres por los efectos que causan al ingresar en el sistema respiratorio.

Desde el 19 de julio realizaron paros parciales para reclamar, principalmente: turnos de 4hs en el sector de manipulación de granel a pala (divididos en turnos de 2hs), reconocimiento del trabajo insalubre y un jornal de $12 pesos por turno.[14] El reclamo sufrió ciertas dilaciones por parte de algunos grupos patronales, como el “Centro de Exportadores de Cereal” y “La Forestal S.A.”, por lo cual el conflicto se extenderá hasta los inicios del año posterior. En las comunicaciones sostenidas entre la SROPC y las patronales, la agrupación anarquista plasmaba su posición gravitacional entre los obreros del puerto, al no aceptar representación de otras entidades sindicales mientras “el grueso del gremio” responda a su organización, presentándose de esta forma, como el único interlocutor válido para destrabar el conflicto.

El 23 de septiembre de 1945, tras conseguir la reapertura de su local, efectuaron su primera asamblea pública en el Teatro Verdi, donde se debatió ampliamente el conflicto de los paleros y la situación general del gremio. Aquel conflicto recién fue resuelto a principios de 1946, entremezclándose con otros asuntos surgidos al calor del álgido contexto político.

Activismo sindical en auge (1946 – 1948)

Una vez conquistado el poder político por Perón, el movimiento obrero que le otorgó su apoyo en la confección del partido triunfante obtuvo un continuo crecimiento, en parte, debido a las diversas disposiciones gubernamentales que facilitaron la representación colectiva de todos los trabajadores de un gremio por parte del sindicato reconocido, pero también gracias a la propia movilización que efectuaron las entidades obreras para hacer efectivas esas conquistas. Al estar amparados bajo la protección del gobierno, el conjunto de los trabajadores avanzó en sus reivindicaciones sectoriales.

Durante estos años la organización de la FORA hizo notar su influencia en el puerto a partir de recobrar la libertad para ejercer su actividad sindical. Sus logros se hallaron en la conquista de una serie de reivindicaciones, al calor de medidas huelguísticas, realizadas en enero de 1946, y en septiembre – octubre de 1947.

Anteriormente, mencionamos que el conflicto en el sector de los “paleros” no se había resuelto al cerrar el año 1945. Al no prosperar las negociaciones con los representantes patronales, la SROPC declaró la huelga por tiempo indeterminado a partir del 9 de enero de 1946, extendiéndose finalmente hasta el día 23 del mismo mes. El reclamo consistió en: “Jornal de $13, turno de 4 horas divididas en 2 tareas en los trabajos de paleo”[15].

Esta paralización se produce conjuntamente con el SOUPC, quienes reclamaban: $12 de jornal, aplicación de un nuevo reglamento portuario, y “Por el aguinaldo permanente no como una dádiva sino como una cuestión de justicia a los sufridos trabajadores del gremio”[16]. Precisamente, este último punto, el decreto del aguinaldo, interpeló a la sociedad en plena campaña electoral, derivando en una gran polarización de opiniones.

Como vimos, la campaña portuaria tenía sus motivos previos a esta situación, pero el día 13 de enero, los periódicos publicaron un comunicado de la SROPC titulado “La Verdad de la Huelga Portuaria”, donde por primera vez incluyeron entre sus reclamos el rechazo al aguinaldo “(…) por entender que es una medida humillante para los trabajadores organizados que no se someten a la política del gobierno”[17]Los motivos que esgrimieron en contra de esta medida, se sustentó en la desconfianza formulada hacia el concepto del pago de “emergencia” del decreto, calculando que reduciría su salario neto; al mismo tiempo que denunciaban que la disposición perseguía una maniobra electoral.

Durante los días 22 y 23 se plegaron a la huelga diez sindicatos relacionados a la actividad portuaria para brindar su apoyo solidario y presionar a las patronales para su resolución. El mismo 23, en una asamblea realizada en el Teatro Verdi, con la asistencia de 5000 obreros, se aprobó levantar el paro tras considerar como favorables las cláusulas del acuerdo con las patronales, resultando en un significativo triunfo para los huelguistas[18].

Una vez firmado el acuerdo, el sindicato de orientación oficialista, que anteriormente había intentado impedir la medida de fuerza, hizo un llamado a no volver al trabajo, argumentando que solo lo harán cuando se firme el acuerdo en la Secretaria de Trabajo y Previsión. La Época reproducía su posición postulando: “Se mantiene con firmeza el conflicto portuario”, aunque en la misma nota reconocían que la mayoría de los trabajadores retornaron a sus tareas tras arreglar directamente con las empresas.[19]

Durante el resto de 1946, la SROPC realizó una serie de paralizaciones de menor envergadura en concepto de “huelgas solidarias”, práctica ampliamente difundida entre las corrientes internacionalistas, que a mediados del siglo encontró serias limitaciones gracias a las regulaciones en el accionar sindical. Desde el 12 de marzo resuelven el boicot a las embarcaciones de bandera española, en rechazo a las políticas represivas del franquismo[20]; en junio pararon 24hs en apoyo a la campaña sostenida por la Sociedad de Resistencia de Conductores de Carros en reclamo por la libertad de agremiación; el 18 de septiembre realizaron una paralización en protesta por la detención de 79 marineros griegos, alojados en el Hotel de Inmigrantes, prontos a ser deportados a su país de origen -donde impera la ley marcial- bajo la caratula de “extremistas”[21]; y el 20 de noviembre realizan otro paro de 24hs en solidaridad por “los presos de San Martín” (trabajadores ladrilleros de la FORA de aquella localidad bonaerense, enjuiciados a reclusión perpetua en el año 1933 a causa de un conflicto gremial)[22].

Otra disputa que llevó a cabo esta organización, durante el mismo año, fue en reclamo de que se cumpliese una norma que restringía la entrada de los carros y camiones al puerto. La defensa de esta reglamentación por parte del sindicato portuario apuntaba a mantener los puestos de trabajo, ya que, según la Secretaria de Trabajo y Previsión: “(…) la aplicación de esa medida ha alterado un régimen existente desde largo tiempo atrás en las actividades portuarias, trayendo aparejada una reducción en el número de obreros ocupados en tales tareas, pudiendo, en consecuencia, acarrear perjuicios para ellos”.[23] Momentáneamente, la dependencia estatal reafirmó la restricción del ingreso de camiones a la zona portuaria.

Respecto al desarrollo organizativo del gremio forista, hallamos a este período como el de mayor influencia, tanto en su zona de acción, como en el resto de los puertos del país. Esto último debido a que, a partir del conflicto iniciado en 1945, diversas organizaciones portuarias o ligadas a la actividad (en su mayoría autónomos), entablaron una mayor relación con la SROPC. Estas vinculaciones derivaron en la organización de dos encuentros portuarios de alcance nacional, con el propósito de enmarcar sus relaciones de forma más orgánica entre los gremios de la actividad y de poder coordinar los reclamos particulares para darles un mayor alcance.[24]

De manera simultánea, durante esta etapa el SUPA acrecentó su influencia en el puerto de forma paulatina, teniendo que sortear la influencia histórica ejercida por los anarquistas a través de mostrarse como una alternativa sindical capaz de ofrecer diferentes beneficios laborales a los obreros gracias a la buena relación que mantenían con el gobierno.

El mayor revés que la SROPC sufrió en este período se produjo en febrero de 1947 al tener que levantar una huelga decretada para conquistar las 6hs laborales. Luego de 8 días de paralización deberán reconocer que no pueden quebrar la resistencia formulada por los empresarios, el gobierno, la policía, el sindicato oficialista y la prensa.[25] El SUPA, al ver que la huelga del organismo de la FORA no alcanzó su cometido, se animó a hacer público el objetivo de eliminar a su organización portuaria rival, para que no le genere más problemas a futuro. El método para realizarlo consistiría en imponer el carnet de su sindicato como requisito necesario para poder trabajar en el puerto.[26]

Durante el mes de septiembre, ante el alza del costo de vida, los sindicatos portuarios resuelven exigir un aumento de salario. El SUPA se abocó a entablar contactos con agentes gubernamentales para arribar a aquel propósito[27], mientras que la SROPC convocó a los portuarios a reunirse en asamblea para decidir cómo encarar el reclamo. Su resultado fue la proclamación de la huelga por tiempo indeterminado desde el día 26 de aquel mes.

Luego de varios días de paralización y de negociaciones frustradas, el sábado 4 de octubre, en la zona del puerto fue distribuido un volante con el membrete de la organización portuaria de la FORA convocando a volver al trabajo, en el que expresaban: “Debemos tener confianza en el Gobierno que defiende nuestros derechos – Debemos saber esperar para beneficio de todos – La huelga no solucionará ningún problema – No aceptemos que los extranjeros Sponda, Suarez, Damonte, Lezcano, anarquicen y hundan nuestros hogares”.[28] Al mismo tiempo en que se distribuía este falso comunicado, los huelguistas realizaban un acto en la Isla Maciel, que fue disuelto violentamente por la policía, dejando un saldo de 24 trabajadores heridos de armas blancas y varios otros pisados por la caballería.

Pese a todas estas medidas represivas, los patrones deciden poner fin a la huelga por temor a que los pocos obreros que estaban asistiendo al trabajo, bajo la ilusión de las “promesas de solución” oficialistas, se plegaran a la huelga sostenida por los foristas. Es así que el mismo sábado por la noche se anunció que el conflicto fue solucionado. El arreglo obtenido otorgaba un aumento del jornal, el pago del descuento jubilatorio por parte de los patrones, el proporcional a las vacaciones, junto a otras mejoras menores. A pesar de que el gobierno le prohibió a la patronal firmar arreglo alguno con la FORA se dio la huelga por ganada al conquistarse la casi totalidad de las exigencias. Al día siguiente el SUPA rectificó el acuerdo con las empresas navieras, pero expresaron que aún se debe barrer con los elementos perturbadores que se han introducido en el gremio, pertenecientes a un “movimiento anárquico sindicalista”.[29]

Durante los años 1945 a 1950 la cantidad de afiliados con los que contó la SROPC osciló entre los 150 a 300 cotizantes mensuales.[30] Su poder de convocatoria, en cambio, difirió considerablemente en relación a sus asociados, especialmente en ocasión de campañas huelguistas, donde llegó a computar entre 5.000 y 6.000 trabajadores reunidos en asamblea[31]. Durante esos momentos de agitación, los aportes también se veían alterados, alcanzando de manera excepcional los 400 cotizantes durante el mes de septiembre de 1947.

Esta gran variación entre los afiliados cotizantes y los “seguidores” fue un problema estructural de las organizaciones vinculadas con los anarquistas, que ya ha sido analizada por Ricardo Falcón (1986). Si bien el autor se enfocó en otro período histórico, el dilema responde a la misma lógica, ya que las organizaciones de la FORA, aún a mediados de siglo, siguió aplicando el criterio de que la cuota sindical no sea producto de un descuento compulsivo de los sueldos, sino que se efectúe de forma voluntaria a través del aporte personal de cada trabajador.[32]

Intromisión del gobierno en la vida sindical (1948 – 1950)

A fines de 1948 el perfil económico mostró los primeros signos de cambio, el freno de la bonanza derivó en el desajuste de la balanza comercial durante 1949, desacelerando la política redistributiva de los primeros años de gobierno. Las soluciones argüidas por Perón ante esta situación fueron realizar ajustes económicos ortodoxos y ejercer un mayor control sobre los factores de poder.

En este contexto, las presiones por mantener la fidelidad política al gobierno fueron cada vez mayores. Particularmente, se enfocó en ejercer un control más firme sobre el movimiento obrero, en vistas a frenar las demandas económicas y reajustar las relaciones de fuerza. Con ese objetivo, el gobierno se abocó a delinear una dirigencia sindical fiel a sus decisiones, eliminando la autonomía política de los obreros a través de disolver el Partido Laboralista, intervenir la CGT, difamar y encarcelar a los líderes de esas organizaciones que opusieran resistencia. Esta primer “limpieza” marcará el camino del proceder autoritario-corporativo del gobierno de Perón.

Durante este período, el accionar del gremio anarquista analizado mostró profundas transformaciones, resultando en un momento bisagra en su historia. Por un lado, sostuvo una significativa adhesión entre las filas portuarias, logrando algunas conquistas a través de acciones reivindicativas, pero por otro lado, la acción de la SROPC empezó a verse restringida por la represión y el favoritismo estatal.

A partir de 1948, su actuación pública empezó a ser limitada a partir de la negativa recurrente a otorgarles la autorización policial para realizar reuniones públicas, se produjeron detenciones esporádicas en la zona portuaria a los militantes más destacados y prohibieron la distribución de propaganda de aquella organización. Finalmente, en pleno desarrollo de una huelga a fines de septiembre de 1949, la policía clausuró su local social ubicado en el barrio de la Boca. Como corolario, ante una nueva huelga impulsada a fin de ese año, el gobierno mandó a clausurar todos los locales pertenecientes a la FORA en la Capital Federal.[33]

Al mismo tiempo, el sindicato oficialista ganó cada vez más influencia en el puerto a través de ciertas disposiciones legales que le otorgaron facultades exclusivas sobre los trabajadores de la estiba, como: la instauración del “delegado” en los puestos de trabajo (representantes del sindicato sin aval de los trabajadores), con funciones de supervisar y controlar el trabajo, para que no se interrumpan “innecesariamente” las tareas[34]; la “retención de las libretas de trabajo” por parte de los capataces desde que empezaba la labor de carga o descarga de un barco hasta que termine, persiguiendo la misma finalidad de que no se frene el trabajo.[35] Por último, la implementación de una “bolsa de trabajo” controlada por el Estado, que obligaba a todos los portuarios a inscribirse en una agencia estatal creada para el caso, con el fin de que el reparto de turnos de trabajo fuese más equitativo, pero un requisito previo para inscribirse en dicha “bolsa” consistía en estar afiliado al SUPA.[36]

En este contexto el debilitamiento de la SROPC se cristalizó a partir del fracaso en el cual derivaron la mayoría de los movimientos huelguísticos emprendidos en este período, como los de abril de 1948, septiembre de 1949 y la extensa huelga de 1950. El no haber conquistado los objetivos planteados, no solo significó una paulatina pérdida de influencia sindical para los foristas, sino también el incumplimiento patronal de las conquistas previas.

Las únicas acciones que desempeñaron favorablemente los anarquistas durante estos años fueron las huelgas de diciembre de 1949[37] y mayo de 1950[38], donde logran aumentos salariales, y la de noviembre de 1949, por la devolución de las libretas de trabajo retenidas a casi 80 trabajadores.[39] A estas paralizaciones se sumó una profusa acción propagandística desarrollada en la zona de trabajo buscando aclarar posiciones y mantener una vía de comunicación alternativa para informar a los obreros respecto de las modificaciones producidas en el régimen laboral y de las dificultades impuestas a su organización.

Por último, al final de este período, la SROPC se involucró en la extensa huelga emprendida por la Federación de Obreros Marítimos (FOM) en 1950, brindando su solidaridad a través de decretar el paro por tiempo indeterminado a partir del 31 de mayo. Esta huelga, de más de tres meses de duración, se desarrolló en defensa de la “libertad sindical” que el gobierno buscó suprimir a partir de 1949[40]. La SROPC, históricamente difirió con los marítimos en cuanto a su sistema de organización y su concepción ideológica, pero esas diferencias fueron dejadas de lado ante la coincidencia de ver restringida la actuación de sus organizaciones por parte del estado. Al embarcarse en una medida de lucha tan determinante y ambiciosa puede considerarse que los portuarios de la FORA operaron bajo una lógica de “a todo o nada”, buscando recuperar su libertad de actuación. El resultado de esta acción, ante el abandono de la huelga por parte de los marítimos, y por ende de ellos mismo, le produjo un revés inmodificable hasta el fin del régimen peronista.[41]

El cerco del autoritarismo (1950 – 1955)

Antes de la reelección presidencial el camino a seguir por el movimiento obrero ya estaba delineado, la conducción de los sindicatos fue depositada en manos de dirigentes de segunda línea, obsecuentes con las directivas del gobierno, utilizando a las instituciones gremiales como cadena de transmisión de las políticas oficialistas.

La situación económica empeoró durante los años 1951 y 1952, por lo cual el gobierno lanzó un Plan de Emergencia apuntando a la restricción fiscal y monetaria. A causa de esta política se establecieron congelamientos de precios y de salarios. Ante esta situación, las fuerzas sindicales y el gobierno se envolvieron en un enfrentamiento dialéctico entre el sostenimiento de las conquistas laborales obtenidas y el aumento de la producción.

En la superficie, todos los sindicatos mantuvieron su adhesión al gobierno, pero por lo bajo, la masa de afiliados empujó a sus dirigentes a no quedarse inmóviles ante la degradación de sus condiciones de vida por los efectos de la crisis económica. Al finalizar el congelamiento de precios pautado hasta finales de 1954, los sindicatos tenían pensado exigir aumentos salariales compensatorios, por lo cual el gobierno convocó a un “Congreso Nacional de la Productividad” para aunar criterios entre el sector empresarial y los trabajadores. Aspiración que no logró concretarse.

Para los portuarios de la FORA esta etapa significó la pérdida definitiva de su poder de actuación sindical y de su influencia dentro de su área de trabajo. Durante 1951 la SROPC conquistó sus objetivos en dos medidas huelguísticas: en junio alcanzan un aumento en su jornal a $40[42], y en julio evitan que el SUPA adopte el control del puerto ejerciendo funciones de contratista. Pero las campañas huelguísticas lanzadas posteriormente, en reclamo de aumentos salariales, no consagraron sus objetivos. Encontraron su accionar limitado por la censura (sumándose el control sobre la prensa y las imprentas), y el clima represivo de la época.

El golpe de gracia que sufrieron los portuarios se desarrolló a partir de la represión policial efectuada en agosto de 1952. Sus causas parten de un manifiesto circulado en la zona portuaria, en el cual los foristas manifestaron su oposición a un descuento compulsivo decretado por la CGT para contribuir a un monumento a la difunta Evita. Esto resultó en una caza de bruja de militantes de la FORA, concluyendo en la reclusión de seis portuarios a lo largo de medio año, sin adjudicarles ninguna causa judicial. Este caso derivó en la puesta en marcha de una campaña que vinculó a todos los sectores del anarquismo local (de por sí dividido), conformando el “Comité Pro Libertad de los Obreros Portuarios de la FORA”, dedicado a difundir y denunciar aquella situación a través de manifiestos y murales, organizando eventos y rifas para recaudar fondos, y publicando un periódico dedicado exclusivamente a propagar las razones de las detenciones.[43]

La debilidad de la Sociedad de Resistencia del Puerto se manifestó de forma integral al no poder convocar a una huelga o una manifestación masiva en su propia zona de trabajo ante un hecho tan acuciante como el mencionado. La liberación de los detenidos finalmente se logró gracias a la presión solidaria ejercida por los trabajadores chilenos en oportunidad de la visita diplomática de Perón al país vecino[44]. La campaña desarrollada por el “Comité…” será virtualmente la última manifestación pública que llevaron a cabo los portuarios durante el peronismo.

Una vez concluido este ciclo histórico en 1955, la SROPC gozó de una breve reactivación, producto de recuperar ciertas libertades, tales como la reapertura de su local, poder convocar reuniones públicas y plantear demandas colectivas. Aún bajo el estricto control de los nuevos militares en el poder, este sindicato se reposicionó en el puerto de Buenos Aires hacia fin del mismo año, formulando un pliego de condiciones en una masiva asamblea desarrollada en el Teatro Verdi.

Como síntesis podemos señalar que durante el período comprendido entre 1943 – 1952 la SROPC desarrolló 26 huelgas (ocupando 200 días) sobre un total de 517 realizadas en la Capital Federal durante esos años[45], percibiendo el 5,41% de las paralizaciones locales. De las 26 huelgas realizadas por los portuarios gran parte fueron efectuadas por motivos solidarios (7), ocupando 95 días de paralización, característica sumamente relevante, aunque no exclusiva, de los sindicatos anarquistas. Los restantes 105 días de paralización se repartieron en 19 conflictos ocasionados por reclamos salariales, condiciones de trabajo y reglamentaciones laborales. De estas 19 paralizaciones 8 resultaron favorables a los reclamos obreros, obteniendo un 42% de efectividad. Por el contrario 3 de estas huelgas fueron consideradas un fracaso y levantadas con un balance negativo, mientras las 8 acciones restantes tuvieron un resultado más dudoso, ya que fueron reclamos que se volvieron a presentar al poco tiempo, generalmente basados en aumentos de salarios.

Conclusiones

El estudio realizado nos permite extraer algunas conjeturas que atañen a diferentes temáticas. En primer lugar, señalaremos aquellos aspectos en los cuales queda mucho por trabajar, tal como la particularidad del sindicalismo portuario. Esta actividad ha sido escasamente explorada en relación con la importancia que ocupó en la economía local, presumiblemente por la simpleza de sus tareas, y la escasa tecnificación que la caracterizó durante la primera mitad del siglo XX. La intervención de los trabajadores del rubro impactó directamente en esta área nodal de la economía argentina, estructurada en función del comercio ultramarino. En este sentido, la relación de la economía nacional y regional ligada a diferentes puertos pocas veces se ha relacionado con las dinámicas sindicales de estas zonas.

Las producciones ligadas a la configuración de “comunidades” y de una cultura particularmente portuaria han desarrollado puntos de contacto con múltiples manifestaciones de la sociabilidad desarrollada en estos espacios, prestando atención a sus respectivas instituciones. De aquí que los trabajos enfocados en los sindicatos cobran una particular relevancia para poder ser puestos en diálogo y lograr una mayor comprensión de aquellas dinámicas zonales.

Otro aspecto que esta investigación destacó es la conflictiva relación que diversas organizaciones obreras entablaron con el peronismo. Esta perspectiva se sustenta en una línea de investigación que cuenta con una larga trayectoria, a través de la cual ha demostrado que la integración del movimiento obrero al programa político-sindical peronista no se desarrolló de forma lineal. Presentándose casos, como el aquí analizado, que se posicionaron en defensa a ultranza de la independencia de su sindicato frente al control estatal, ya sea por una tradición histórica, una cuestión estratégica o por el sostenimiento de algún principio político-ideológico, según el caso. En este sentido, el estudio del movimiento obrero que no adhirió al peronismo durante sus primeros gobiernos es una temática interesante de profundizar, a fin de comprender de manera más compleja la situación sindical durante este período.

Al mismo tiempo, la estrategia del gobierno de crear sindicatos paralelos donde no pudieron ganar el favor de las entidades preexistentes, es una problemática que atraviesa la experiencia aquí analizada, pero que comprende un ámbito más vasto de aplicación, entendida como uno de los factores claves en las transformaciones producidas en el mapa sindical, en tanto política que reforzó la construcción de vínculos corporativistas.

Por otro lado, este trabajo pone de relevancia el problema planteado respecto a la actuación del anarquismo posterior a los años treinta, apuntando a brindar elementos de análisis que pueden ayudar a reconsiderar el rol de los libertarios en el seno del movimiento obrero, en etapas bien distantes al inicio del siglo XX. El estudio de los portuarios nos permitió considerar la presencia sindical y social con la que contó aquella organización, en un contexto que le era totalmente adverso, pudiendo clasificarla como relevante en el escenario portuario, al menos hasta 1950.

Este estudio de caso, también nos permitió vislumbrar un panorama más amplio, ligado a los gremios adheridos a la FORA en la ciudad de Buenos Aires y a una serie de sindicatos autónomos de estructuras federalistas. Esta corriente sindical que se afirmó extinta y que fue obviada por casi la totalidad de la historiografía del movimiento obrero, queda pendiente de ser estudiada, a fin de poder tener una idea más global de su incidencia.

El contexto del peronismo significó un importante condicionante para el desarrollo de toda corriente sindical libertaria, tanto por la adhesión popular que atrajeron los beneficios sociales otorgados por el gobierno, provocando la merma de adherentes en organizaciones de otro cuño, como por las políticas represivas y corporativistas que lograron la censura de las organizaciones gremiales opositoras. Esta pérdida de libertad influyó gravemente en su desempeño, ya que al no poder actuar públicamente sus funciones quedaban anuladas. Aun así, el caso de los portuarios nos muestra que hubo organizaciones que sostuvieron sus métodos de lucha y su filiación ideológica al margen de la política del gobierno, logrando mantener una importante presencia organizativa en sus respectivos gremios.

Fuentes

  • Agitación (Comisión Pro Libertad de los Obreros Portuarios de la F.O.R.A)
  • Crítica
  • El Obrero Portuario (Sociedad de Resistencia Obrera del Puerto de la Capital)
  • La Época
  • La Prensa
  • La Protesta
  • Organización Obrera (Federación Obrera Regional Argentina)
  • Revista de Trabajo y Previsión (Secretaría de Trabajo y Previsión)

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Citas

[1] Suriano, Juan, Auge y caída del Anarquismo. Argentina 1880-1930, Capital Intelectual, Buenos Aires, 2005.

[2] Matsushita explica  este cambio de mentalidad a partir de la intensificación de las luchas anti-monopolistas y anti-imperialistas llevadas a cabo durante los años 1936 y 1939; la superación de las discusiones sobre la “prescindencia política” dentro de la C.G.T., ilustrada en el acto del 1º de Mayo de 1936, organizado conjuntamente con el Partido Socialista, el Partido Comunista, la U.C.R., el cual adquiere un perfil nacionalista al entonarse por primera vez el Himno Nacional, y con la utilización de banderas y estandartes patrios en lugar de banderas rojas. A partir de ese año los símbolos patrios serian una constante en los 1º de Mayo.

[3] Doyon, Louise, Perón y los trabajadores: los orígenes del sindicalismo peronista. 1943 – 1955, Sudamericana, Buenos Aires, 2006, p. 241.

[4] Bialet Masee, Juan, Informe sobre el estado de la clase obrera, Tomo I, Hyspamerica, Buenos Aires, 1985, p 375.

[5] Di Tella, Torcuato, Perón y los sindicatos. El inicio de una relación conflictiva, Ariel, Buenos Aires, 2003, p. 99.

[6]  Ibídem.

[7] Doyon, Perón y los trabajadores…, p. 272; y Volante sin nombre, SUPA, Buenos Aires, 26 de Junio de 1951.

[8] Horowitz, Joel, Los Sindicatos, el Estado y el surgimiento de Perón. 1930 – 1946, Buenos Aires, Eduntref, 2004, p. 260.

[9] Torre, Juan Carlos, La Vieja Guardia Sindical, RyR, Buenos Aires, 2011, pp. 114 – 117.

[10] La Protesta, Año III, Nº 7936, Octubre 1945, p. 1.

[11] Tras encontrar su local en “ruinas” por el desuso, mudan su secretaria al local de la Federación de Obreros en Construcciones Navales (autónomos) en la calle Pedro de Mendoza, dada la cercanía de sus tareas laborales y la coincidencia en sus prácticas sindicales federalistas.

[12] Crítica, 11/08/43, p. 5.

[13] Huelga general por 24 horas en el puerto de la Capital, en solidaridad con los diez mil barraqueros que llevan diez días de huelga”SROPC, 21/03/44; Organización Obrera, N° 95, Año 10, 01/05/44, p. 1.

[14] “A los compañeros portuarios en general, a los de sección paleros en particular”, SROPC, 25/07/45.

[15] Comunicado de la SROPC enviado a las patronales portuarias el 09/01/46, reproducido en La Prensa, 15/01/46, p. 16 y en Boletín Informativo, SROPC, Febrero de 1946, p. 1.

[16] Comunicación del Secretario General del SOUPC, Benjamín Fernández, hacía la SROPC. 07/01/46.

[17] La Prensa, 15/01/46, p. 11.

[18] El único punto del pliego que no fue aceptado por la patronal fue la reducción de la jornada del tanino a 4 hs, por lo cual se aceptó la contra propuesta de aumentar el jornal a $17 manteniendo las 8 hs. Boletín Informativo, SROPC, Buenos Aires, Febrero de 1946, p. 3.

[19]  La Época, 24/01/46, p. 5.

[20] La Prensa, 14/03/46, p. 13.

[21] “En solidaridad con los tripulantes griegos”, Federación de Obreros en Construcciones Navales, Septiembre de 1946; La Prensa, 07/10/46, p. 11.

[22] “Paralizó grandes actividades del puerto la huelga dispuesta por la FORA”, Crítica, 20/11/46, p. 4.

[23]  Revista de Trabajo y Previsión, Secretaría de Trabajo y Previsión, Año III, N° 11, Julio, Agosto, Septiembre de 1946, p. 1147.

[24] Las organizaciones participantes fueron: Sociedad de Resistencia Obreros del Puerto de Zárate, Rosario, Capital y Villa Constitución, Sindicato de Portuarios de Campana, Soc. de Resistencia de Conductores de Carros, Soc. de Resistencia Chauffeurs de la Capital, Soc. de Resistencia de Obreros de la Barracas, Mercado Central de Frutos, Lavaderos de Lana y Anexos, Sindicato de Estibadores y Anexos de Necochea y Quequén, y Estibadores del Partido de Coronel Dorrego; La Prensa, 05/10/46, p.16; La Protesta, N° 7940, Octubre 1946, p. 1; El Obrero Portuario, Año 1, N°1, Enero 1947, pp. 2-4.

[25] Crítica, 13/01/47, p. 5, 10/02/47, p. 3, 13/02/47, 18/02/47, p. 4; La Época, 12/02/47, p. 4, 13/02/47, p. 4, 15/02/47, p. 4, 16/02/47, p. 8, 17/02/47, p. 4, 18/02/47, p. 4.

[26] “(…) el SUPA, ha hecho polvo la maniobra de la FORA (…), quiere aprovechar la oportunidad para tomar las medidas necesarias que impidan en lo sucesivo que aquellos elementos puedan volver a perturbar la tranquilidad de la familia portuaria. A los obreros que quieran trabajar en el puerto se les exigirá el carnet del SUPA (…), quedará terminada de una vez por todas el peligro de agitación que siempre tiene pendiente la FORA”, La Época, 13/02/47, p. 3.

[27] “Mediante la intervención del General Perón se ha de solucionar el conflicto de los portuarios”, La Época, 26/09/47, p. 4; “La central obrera desautoriza el paro de los obreros portuarios”, La Época, 27/09/47, p. 4; “Triunfo el criterio comunista en la asamblea portuaria. En perjuicio del trabajo y la producción sigue el paro”, La Época, 28/09/47, p. 4, “Millones de pesos se pierden por la huelga portuaria”, La Época, 29/09/47, p. 1, “Fue aplastada la confabulación comunista: trabaja el puerto”, La Época, 30/09/47, p.1, “Debe actuar con mayor eficacia la Secretaria de Trabajo y Previsión”, La Época,  01/10/47, p. 1, “Portuario: no te dejes dominar por el comunismo: concurre el lunes a hacerte cargo de tu trabajo”, La Época, 04/10/47, p. 1.

[28]  “Volante apócrifo” en El Obrero Portuario, SROPC, N° 2, Febrero de 1949, p. 3.

[29] La Época, 05/10/47, p. 6.

[30] Libro de Tesorería de la Sociedad de Resistencia Obreros del Puerto de la Capital: 1944 – 1947 y 1948 – 1950, SROPC, Buenos Aires.

[31] Boletín Informativo, SROPC, Buenos Aires, Febrero de 1946, p. 3; y La Época, 21/01/46, p. 3.

[32] El Obrero Portuario, SROPC, Año 2, Nº 7, Junio de 1950, p. 3.

[33] La Protesta, Año VIII, Nº 7990, Enero de 1950, p. 1.

[34] “Decreto N° 13.141/47”, 14 de mayo de 1947, en Revista de Trabajo y Previsión, Secretaría de Trabajo y Previsión, Año IV, N° 13 – 16, Enero – Diciembre 1947, pp. 396 – 397; “Gran Asamblea General. Orden del día”, SUPA, 14/09/47.

[35] “5° Los documentos habilitantes de los trabajadores portuarios quedarán en poder de los empleadores hasta tanto aquéllos hayan terminado sus tareas, debiendo los patronos entregar a las autoridades competentes dichos documentos en caso de inasistencia, las que procederán a su devolución previa la justificación a que se refiere el artículo anterior”

Disposición (…) N° 11, de marzo 24 de 1948, ampliando las comisiones para la vigilancia de condiciones de trabajo en el Puerto de la Capital y fijando normas para la justificación de inasistencias de los obreros”, en Revista de Trabajo y Previsión, Secretaría de Trabajo y Previsión, Año V, N° 17 – 20, Enero – Diciembre 1948, p. 415.

[36] Disposición de la Dirección General de Trabajo y Acción Social Directa, de mayo 24 de 1948, creando la Bolsa de Trabajo para obreros estibadores portuarios, dependiente del Registro General de Colocaciones”, en Revista de Trabajo y Previsión…, pp. 415-416; y La Época, Buenos Aires, 03/06/48.

[37] “Nosotros como fiel intérpretes de la Revolución decimos que, los días 26 y 27 portuarios deben trabajar para bien de la Nación y de la militancia Portuaria. Porque si hoy los obreros portuarios gozan una situación económica buena, se la debemos a la Revolución de Perón! Líder de los trabajadores argentinos” en “Hay cosas que no tienen razón de ser”, SUPA, 23/12/49.

[38] “¡La huelga es el arma más digna y más eficaz para la defensa proletaria!”, SROPC, 18/05/50.

[39] “Compañeros”, SROPC, 02/11/49.

[40] Sobre esta huelga ver: Contreras, Nicolás, Clase obrera y peronismo. La “gran” huelga marítima de 1950, Del Siglo XX, Buenos Aires, 2008.

[41] “Apuntes para la historia del Movimiento Obrero Argentino”, SROPC, Agosto de 1950.

[42] “La C.D. ha respaldado sus actos basados en normas legalistas (…) sin recurrir a violencias, o huelgas que solo provocan el hambre y miseria entre los trabajadores (…) Pero aun pululan en el puerto individuos inescrupulosos que pretenden negar la realidad (…) FORISTAS, COMUNISTAS y todo ese conjunto de miserables deben ser definitivamente radiados de nuestras filas por ser indignos de actuar entre gente de trabajo” en “Compañeros estibadores”, SUPA, 26/06/51.

[43] Agitación, Comisión Pro Libertad de los Obreros Portuarios de la F.O.R.A., Nº1, Buenos Aires, Noviembre 1952.

[44] Testimonio de Osvaldo Damonte en Doljanin, Nicolás, La razón de las masas, Nuestra América, Buenos Aires, 2003, p. 17

[45] Doyon, Perón y los sindicato…., p. 252

Tomado de https://gesmar.estudiosmaritimossociales.org/editorial/coleccion-anarquismos/el-anarquismo-despues-del-anarquismo/entre-la-cooptacion-y-la-represion/

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