JUEGOS DEL HAMBRE… EN CONSTRUCCIÓN

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OPINIÓN

El gremio de la construcción es uno de los gremios más complicados a la hora de enfrentar el día a día históricamente. Imaginémonos hoy en día donde, producto de las políticas sanitarias en curso debido a la pandemia se ve limitada nuestra actividad, la cual es uno de los pilares de la economía, y se encuentra casi por completo parada. La único que está permitido actualmente son algunas obras públicas y unas pocas obras privadas. La página de ANSES tiene extrema demanda de los trabajadores y trabajadoras informales y precarizados por las condiciones del monotributo de baja categoría que componen a nuestro gremio, buscando el insuficiente ingreso familiar de emergencia para paliar la situación de miseria en que se encuentra gran parte de la población, y las ollas populares encuentras a muchos haciendo sus filas.

Los trabajadores y trabajadoras de la construcción nos encontramos en una de las peores situaciones dentro de este momento, y vamos a una situación donde se extremara la falta de empleo, la precarización, el aprovechamiento de las patronales y la falta de representación sindical que terminara con la destrucción de nuestros sueldos, ya sean jornales o mensuales.

La creciente debacle de la economía, la inflación, la suba de precios de los insumos, nos encuentra parados en nuestras casas sin poder generar ingresos para aquellos que trabajamos informalmente el cual se considera el 50% de nuestro rubro. Como también el miedo frente a la incertidumbre de perder el empleo si no aceptamos una reducción de nuestro salario casi al 50% del mismo.

Entendemos de la solidaridad y compromiso que conlleva un aislamiento, pero nos es difícil tolerar el hambre de nuestras familias. Esto nos obligó, en muchos casos, a tener que romper la cuarentena para buscar un mínimo ingreso, inventándonos permisos o simplemente saliendo sin saber lo que nos espera en la calle, exponiéndonos a las causas penales que el estado les impone a aquellos que se encuentren en infracción, dejándonos bien claro que no existen intenciones reales de escuchar las demandas de los y las trabajadoras en general. El gobierno por su parte parece tener más interés en resolver los deseos de los runners de Palermo que de los millones de trabajadores y trabajadoras que hoy vemos como opción la injusta solución de pedir comida en ollas populares, organizadas por los movimientos y organizaciones sociales.

La cuarentena impuesta nos aisló de nuestros trabajos el día 20 de marzo, luego de armar un protocolo ante posibles “estallido sociales” a cargo de las fuerzas armadas, se sentaron a discutir sin los trabajadores y con las patronales cual sería nuestro destino. Largaron un plan de emergencia de un valor de diez mil pesos, al cual para ingresar se debía tener requisitos excluyentes, y a medida que pasaba el tiempo nos llevaron por una vorágine de necesidad, que se manifestó en el pedido de casi diez millones de personas para ser beneficiario de este ingreso, el cual empieza a cobrarse pasado el mes de su lanzamiento por aquellos que fueron seleccionados y no estaban ingresados en el ANSES anteriormente. Este ingreso de niveles de indigencia, dado que la canasta básica tiene un valor de 40790 pesos y la línea de pobreza es de 16800 pesos, nos lleva a la pregunta ¿si no trabajamos que comemos? Frase que virtualmente comparten trabajadores de la construcción que trabajan informalmente con ingresos que no son fijos, y menos en estos momentos donde la economía esta tan desordenada. Y ni hablar del pago de cuentas, servicios y la compra de materiales para mantener la higiene en época de pandemia. La pandemia nos deja en una situación muy incierta a futuro, donde nadie tiene ninguna certeza, y en nuestro gremio, que la irregularidad es la regla, nos deja aún más a la deriva.

Cabe mencionar que no solo es una cuestión de formal e informal, de pobreza o riqueza, sino que esta situación se expandió como reguero de pólvora, el grupo Techint fue el primero en despedir a 1400 trabajadores, con el aval de un gobierno que en las cámaras de televisión mostraba disgusto, mientras homologaba los despidos a través del ministerio de trabajo y lo pactaba con la burocracia sindical de la UOCRA, dejando así a 1400 familias a la deriva de una realidad de crisis, con una simple” pacto de palabra” a que van a ser reincorporados pasada la cuarentena obligatoria , un pacto de palabra de gente que nunca tuvo palabra cuando se trató de sus ganancias. Luego de esto recibe el apoyo económico del Estado (ATP) para pagar un 50% del salario de los empleados, entre ellos cargos administrativos. Una vez que se les aplican condiciones para continuar accediendo a este dinero, el Grupo Techint se niega a seguir recibiendo el ATP y devuelve todo lo que se le dio, demostrando que disponen del dinero, lo que no quieren es seguir pagando los sueldos de quienes trabajan.

La situación comienza a ser desesperante, porque al finalizar esta medida, terminaremos con dos o más boletas impagas de servicios (alquiler, luz, gas, agua, e internet) que si bien se ha decretado que no nos corten el suministro, terminaran siendo una deuda que las empresas no dudaran en cobrar. A menos que levantemos el reclamo de que se cancele el cobro y el pago de los servicios porque no estamos teniendo ingresos, estas deudas seguirán presentes. Vamos rumbo hacia una apertura de la cuarentena que nos encontrara con la dificultad de solventar los gasto adeudados como los que implican salir a trabajar, nadie más que nosotros sabemos el valor de transportarse hacia nuestros trabajos, donde algunos también afrontaremos el no tener un almuerzo durante el día laboral.

Cuando hablamos de esfuerzo sabemos cuál es el que nosotros llevamos adelante en cada lugar de trabajo, nuestra labor no está catalogada como insalubre, aun así los trabajadores de la construcción nos exponemos a altas y bajas temperaturas a la intemperie, esfuerzos mas allá de los límites que la norma exige que cada trabajador puede realizar, generando, con el correr del tiempo, enfermedades laborales; situaciones de riesgo como trabajo en altura, no disponer de todos los elementos de seguridad, exposición a materiales tóxicos y para colmo salarios siempre a la baja con respecto a las demás ramas de las industrias, y no nos olvidemos que somos el único gremio cuya ley que regula la actividad, la 22.250, le permite a los empleadores el despido sin justificación, y ni hablar de todos aquellos compañeros que trabajan en negro, en la informalidad. Esto último está sujeto a un concepto económico voraz y capitalista de escases (si hay mucho vale menos, donde hay poco vale más), así se nos diferencia y excluye de la posibilidad de dar un desarrollo de calidad a nuestras familias.

Hoy más que nunca empezamos a notar la falta de un horizonte sobre lo que construimos, a lo largo y ancho del país históricamente vemos cómo escuelas y hospitales a medio terminar son abandonados por intenciones políticas, desde el “elefante blanco” hasta los hospitales inaugurados y luego abandonados a medio terminar que quedan de la gestión de Cristina Kirchner, que los intendentes siguen usando para hacer campaña política. Hoy estos mismos son los faltantes para hacer frente a una pandemia mundial, esto nos exige pensar en que los trabajadores y trabajadoras de la construcción, cuando hacemos frente a la construcción de obras públicas, no debemos dejar que las empresas inescrupulosas abandonen las obras hasta que estén terminadas, porque son bienes para la comunidad a la cual pertenecemos, es nuestra responsabilidad que puedan llegar a servir a nuestra comunidad y no a los intereses políticos y empresariales.

Aunque difícil pero no imposible, debemos pensar soluciones colectivas, que demandarán organización en pos de acciones que lleven adelante nuestros reclamos y exigencias, hemos visto que la idea del gobierno es dar una caridad insuficiente y persistente. Tomar como inicio de nuestro movimiento este momento particular para enfrentar los juegos del hambre que imponen el estado, las patronales y sus cómplices, es altamente necesario tener en cuenta el rol que cumplimos y cumpliremos los trabajadores y las trabajadoras de la construcción. Sin nosotros no existirían hospitales, sin nosotros no habría escuelas y facultades donde formar médicos y médicas, sin nosotros no existirían las ciudades, ni las rutas, etc. Sin nosotros no existiría nada.

Los trabajadores y las trabajadoras, debemos exigir y luchar por la eximición de los impuestos y cobro de servicios, exigir y luchar por la gratuidad del servicio de transporte hacia nuestros trabajos, eximición del pago del monotributo para aquellos que son precarizados a través de este medio, luchar contra los despidos y suspensiones ,exigir y luchar por el cumplimiento de las normas de seguridad e higiene por parte de las patronales, exigir y luchar por el control de precios de los alimentos de la canasta básica, y un etcétera sin fin, lograr hacer escuchar todos los reclamos y demandas depende de la fuerza que logremos como clase.

Y por sobre todas las cosas volver a darnos cuenta que sin nosotros el mundo no gira, somos quienes les damos un techo a todas las personas, somos quienes permitimos, con la construcción de rutas, que los camiones puedan transportar la materia prima del campo a las ciudades, los que levantamos puentes, hospitales y escuelas.

Trabajadores de la construcción de oficios varios Zona Norte

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